Facundo Cabral

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viernes, 10 de febrero de 2017

Palabras en ocasión del inicio del año centenario de la Acfiman

Es una Academia a tono con la época que nos ha tocado vivir, agradecidos a instituciones hermanas académicas y universitarias, a personas y entidades del sector empresarial, del mundo cultural, a toda esa gente maravillosa con la que compartimos sueños y realidades, venezolanos convencidos de que nos merecemos una época mejor que este tiempo áspero, que superaremos en tanto perseveremos a la altura de los desafíos. En eso estamos.


http://runrun.es/nacional/293280/robaron-y-destrozaron-el-palacio-de-las-academias.html


Miércoles 08 de febrero de 2017 


GIOCONDA CUNTO DE SAN BLAS 
PRESIDENTA DE LA ACFIMAN

PALABRAS EN OCASIÓN DEL INICIO DEL AÑO CENTENARIO DE LA ACADEMIA DE CIENCIAS FÍSICAS, MATEMÁTICAS Y NATURALES

Ilustres personalidades que hoy nos acompañan, colegas académicos, amigos todos:

Hemos llegado a 2017, año celebratorio del centenario de nuestra Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, una institución nacida el 19 de junio de 1917 en ley ejecutada por el entonces presidente provisional Victorino Márquez Bustillos como pantalla de Juan Vicente Gómez.

No deja de llamar la atención que en una época que se nos antoja atrasada, rural, primitiva (al menos así lo reflejan las cifras de la época en educación, salud y otros parámetros), Venezuela haya visto surgir una institución cuya primera atribución sería la de “esforzarse porque las Ciencias Físicas, las Matemáticas y las Naturales alcancen en el país el mayor desarrollo y adelanto”. Y digo que es llamativo porque en 1917 estábamos en ese país que Mariano Picón Salas describiera como tan rezagado que solo sería a posteriori de la muerte del dictador cuando comenzaría en Venezuela el siglo XX, con treinta y cinco años de retraso.

¿De dónde provino ese interés por crear una institución como esta en esa tierra de silencios dictatoriales? ¿Quién o quiénes la promovieron? La historia no los registra. No obstante, podemos señalar que fue ésa una era de avances tecnológicos foráneos que con lentitud se fueron incorporando a la vida nacional, sobre todo por el esfuerzo de gente con visión de futuro que a título personal o a través de las pocas instituciones de la época influyeron para que eso ocurriera.

Consecuencia de los reventones de pozos petroleros como Zumaque, Mene Grande o Barroso a principios del siglo XX, Venezuela pasó de ser un país rural a uno urbano y se enfrentó a desarrollos tecnológicos, a la modernidad, a la creación de instituciones como el Museo de Ciencias y el de Bellas Artes; la primera estación de radio (AYRE) y los primeros vuelos aéreos; la Escuela de Oficiales de Sanidad y Técnicos de Laboratorio y el Servicio Técnico de Hidrocarburos, entre otras novedades de la época. Y se funda nuestra Academia.

No fue sino hasta 1933, dos años antes del fin por muerte natural de la dictadura gomecista, cuando fueron nombrados los primeros numerarios que dieron vida a la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales. ¿Por qué ese retraso de 16 años en activar la institución recién fundada? El académico José María Carrillo, en su compilación de datos históricos y biográficos, menciona al también académico Marcel Granier Doyeux como portador de la información según la cual “la causa de tan tardío nombramiento fue, principalmente, la falta de acuerdo que hubo en el seno del Gobierno para la escogencia de los treinta numerarios que de acuerdo con la Ley, serían nombrados la primera vez por el Presidente de la República”. Es decir, fue necesario el aval del déspota para acceder a la posición primigenia de Individuo de Número, respaldo que suponía trayectorias profesionales meritorias como efectivamente lo fueron y se me ocurre que tal vez, una cierta aquiescencia con el régimen o por lo menos, un silencio cauteloso hacia las siniestras ejecutorias que tuvieron máxima expresión en esos años de la generación del 28.

Así las cosas, en julio de 1933 nuestra Academia comenzó sus actividades bajo la presidencia del ingeniero Luis Vélez. 22 ingenieros, 5 médicos, 1 matemático, 1 geólogo y 1 agrónomo constituyeron el plantel de esa Academia inaugural, respondiendo a los criterios de la época en cuanto al entendimiento de las ciencias. Personajes como Francisco José Duarte, Melchor Centeno Grau, José Izquierdo, Vicente Lecuna, Enrique Tejera o Carlos Raúl Villanueva, formaron parte del grupo fundador.

Cien años más tarde, el perfil de nuestra Academia ha cambiado para ajustarse a los cánones reconocidos hoy por hoy como propios de la ciencia experimental. Ya hay apenas 3 ingenieros, dado que ellos ahora tienen un nicho propio en la casi veinteañera Academia hermana de Ingeniería y el Hábitat. Los 27 sillones restantes están asignados fundamentalmente a especialistas ocupados en ciencia experimental y sus aplicaciones: 9 químicos o farmacéuticos, 8 biólogos o agrónomos, 3 matemáticos, 3 geólogos y un médico, quedando 3 sillones vacantes por fallecimiento de sus titulares, en espera de ser ocupados en un futuro cercano con nuevas generaciones de científicos. De los 30, 4 somos mujeres, un avance en desarrollo, habida cuenta de que hasta hace apenas 10 años nuestra institución no contaba con numerarios mujeres. Dentro de tres días, el 11 de febrero, por disposición de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, para resaltar ese aporte femenino a la ciencia, aunque a mi manera de ver, sería preferible un Día Internacional de los científicos y tecnólogos, sin discriminación de género. Porque la ciencia y la tecnología son asuntos de todos.

Para cumplir su misión, la Academia lleva adelante diversos programas, entre ellos, el de “Educación en Ciencia Basada en la Indagación” en escuelas de barrios de Caracas y del interior, estudios sobre temas ambientales y cambio climático, conservación de aguas, mejoramiento energético para la población, programa de estímulo a la mujer científica y más recientemente, alimentación y seguridad nutricional. También se ha creado una red de jóvenes investigadores, a manera de aliento para las generaciones de relevo, una red que ha sufrido el embate de la diáspora que actualmente despoja al país no sólo de lo más granado de su juventud sino de profesionales de alta calificación de todas las edades, emigrantes en busca de un mejor destino personal fuera de nuestras fronteras.

Para lograr una mayor amplitud en nuestra mirada al panorama nacional e internacional en ciencia, tecnología e innovación, la Academia además de sus miembros, cuenta con un distinguido grupo de científicos invitados que incorporados en comisiones, asesoran en ambiente, química, biología, energía y otros temas especializados. De esa forma, temas álgidos en políticas públicas, esas que tocan directamente a la gente y que se beneficiarían de asesoría científica, han sido motivo de nuestro escrutinio. Ejemplos de ello son los documentos dirigidos a revisar la Ley de Semillas, una ley lesiva y regresiva para el interés nacional en materia de agro; la participación de académicos en asesorar a la Asamblea Nacional en materia de reforma de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI) y la ley del IVIC; la voz de alerta ante los problemas energéticos derivados de las sequías; el reclamo ante la exploración y explotación indiscriminada de recursos minerales y otros problemas ambientales; la atención permanente a eventuales o reales cambios educativos lesivos a la sociedad venezolana; por citar solo algunos. En cada caso nos hemos pronunciado cuando ha sido necesario hacerlo, todo de acuerdo con la ley de creación de esta Academia que nos designa órgano asesor de los poderes nacionales en las materias de nuestra competencia.

Y es que en el siglo XXI, el siglo del conocimiento, es deber ineludible llevar nuestra voz al gobierno, a los líderes políticos de cualquier tolda, para convencerlos de que el progreso tiene su ciencia, motto escogido para este año centenario, que el progreso individual y colectivo de una nación moderna está íntimamente relacionado con su habilidad para aplicar a su realidad los nuevos conocimientos surgidos de la ciencia, la tecnología y la innovación, un concepto que todavía no logra asentarse en Venezuela a la hora de proponer soluciones a la actual crisis.

Durante este año tenemos en desarrollo actividades diversas, centrada sobre todo en la divulgación, a los efectos de llevar la ciencia, la tecnología y la innovación a todo público y sobre todo a los jóvenes. Así tenemos en estos momentos un concurso para jóvenes liceístas, micros radiales sobre personajes e hitos de la ciencia en Venezuela como ejemplos de actividades divulgativas.

Nos ha tocado vivir un tiempo convulso, de negros presagios y oscuras ejecutorias. De hecho, este Palacio de las Academias y las Corporaciones que le dan vida, recientemente han visto afectadas su operatividad por los embates de una delincuencia desatada que si buscaba paralizarnos, pues han fallado en su propósito. Aquí estamos, sorteando las dificultades en esta época agitada, suavizada versión siglo XXI de aquella venezolanidad de la decadencia a la que José Rafael Pocaterra le dedicara sus sufridas páginas de prisionero político en las mazmorras castristas (de Cipriano Castro) y gomecistas.

En vista de eso, no son solo los asuntos técnicos ya enumerados los que nos deben interesar. Y en tal sentido, nuestra Academia sola o en conjunto con las demás Academias, no ha permanecido indiferente a lo que ocurre fuera de las paredes de este noble Palacio. Innumerables veces hemos levantado nuestra voz de protesta en defensa de la autonomía, de la libertad de cátedra y de pensamiento como nortes de la vida universitaria y académica; hemos condenado los hechos de violencia o represión por parte de funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado y reivindicado el derecho ciudadano a manifestar pacíficamente, con la convicción de que la sociedad se empobrece con regresiones a un pasado opresivo y por el contrario, progresa en un escenario de libertad y democracia. En un escenario tal, nuestra Academia y las Academias hermanas continuaremos contribuyendo a la formulación de proyectos que ayuden a la reconstrucción nacional.

Es una Academia a tono con la época que nos ha tocado vivir, agradecidos a instituciones hermanas académicas y universitarias, a personas y entidades del sector empresarial, del mundo cultural, a toda esa gente maravillosa con la que compartimos sueños y realidades, venezolanos convencidos de que nos merecemos una época mejor que este tiempo áspero, que superaremos en tanto perseveremos a la altura de los desafíos. En eso estamos.

Muchas gracias.        

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