Facundo Cabral

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sábado, 15 de febrero de 2014

Carta a un colega oficialista, a propósito de los sucesos del 12 de febrero

Mientras podamos sostener intercambios como este, en un lenguaje respetuoso y con la mirada puesta en el diálogo que tanto se demanda, y aunque este diálogo entre dos sea sólo una gota en el mar, estaremos en mejor posición para transitar el camino de una sociedad que pueda llegar a consensos, en los que cada quien encuentre un espacio común de reconocimiento del otro, sin que ello signifique declinar en principios pero también sin que los poderosos aplasten a quienes no coinciden con ellos.

El país es de todos. Lástima que para algunos, es solamente de ellos y para ellos, en la creencia falsa de que también lo será para siempre.





CARTA A UN COLEGA OFICIALISTA

A PROPÓSITO DE LOS SUCESOS DEL 12 DE FEBRERO

Gioconda San Blas

En relación a los lamentables sucesos del pasado 12 de febrero que convirtieron una hermosa jornada pacífica de multitudinaria protesta estudiantil en un campo de batalla, con saldo de asesinados, heridos y detenidos, manifiestas tu punto de vista a la vez que me exiges objetividad científica para analizar los datos.

Invoco entonces en ti esa misma objetividad científica que tú reclamas para mí, al momento de leer mis argumentos.

Claro que estoy de acuerdo con los planteamientos estudiantiles de defensa de sus compañeros asesinados o presos y de una lucha pacífica en favor del rescate de la democracia en Venezuela. Porque democracia no es sólo ganar elecciones sino sobre todo, democracia de ejecución y desempeño a lo largo del tiempo, respeto por el adversario (que no enemigo), logro de consensos en los que cada parte renuncia a algo para conseguir un objetivo común mayor que la suma de las partes, reconocimiento del contrario como parte fundamental del todo, gobierno para todos, no para un sector, gobierno de progreso, gobierno transparente, libertad de pensamiento. Bajo esas condiciones, me cuesta aceptar que hoy en Venezuela vivimos en democracia, en democracia de ejecución y desempeño, como ya he dicho. Apoyo a los estudiantes porque en ellos simbolizo a mis hijos y nietos, a quienes respaldo en su aspiración de una patria decente, democrática, de progreso, para que vivan ese presente y futuro que bien se merecen.

Un programa político debe ser pensado en frío, con la cabeza, para luego ejecutarlo con pasión y convencimiento. En ese sentido, procuro aportar mi grano de arena por esa Venezuela democrática en la que sueño (repito: democracia en desempeño, no solo en votaciones), sin creer en salidas súbitas sino en el trabajo metódico, arduo, de conquistar voluntades en los barrios, con los sindicatos, con la gente, demostrándoles y convenciéndolos de que tenemos un programa mejor, que los elevará de una condición de súbditos a la de ciudadanos. De esa forma, la calle irá paralela a ese trabajo social indispensable y será la consecuencia lógica del descontento, entonces sí mayoritario. Son los partidos políticos, disminuidos como están, acompañados por la MUD como ente coordinador, los que deben crecer para ponerse a la altura de las circunstancias. Para no pecar de repetitiva, te remito a varios artículos de prensa cuyos enlaces copio al final de esta carta, en los que sus autores analizan "la salida" con prudentes argumentos que apoyo en su casi totalidad (1, 2, 3).

Volviendo a la marcha del 12 de febrero y su desenlace fatal, la orden dada por los líderes opositores fue retirarse pacíficamente una vez entregados los documentos en la Fiscalía, ante un funcionario de bajo rango porque la Fiscal se escondió para no recibirlos. ¿A qué le temería? No obstante, las evidencias fotográficas y fílmicas indican que infiltrados iniciaron la provocación al tirar piedras, dando pie a la actuación ilegal de miembros armados de colectivos que merodeaban la manifestación.

¿Qué hacían allí, en una marcha pacífica, esos grupos paramilitares provistos con armas largas, propias del estamento militar, apoyados por los cuerpos de seguridad del estado? A la muerte de un joven manifestante, que nunca debió ocurrir de haberse seguido los protocolos de control civil, los demás reaccionaron. La policía sólo debía actuar para apartar a los beligerantes con las técnicas establecidas mundialmente en el control civil de la población, nunca con técnicas de guerra impropias de tales situaciones. De manera que existe un desequilibrio entre la acción y la reacción, además de una franca violación de las normas nacionales e internacionales en materia de disturbios civiles.

Un elemento más de desequilibrio grosero, que espero evalúes con imparcialidad, es el que ocurre con los medios de comunicación. El gobierno posee más del 80% del espectro radioeléctrico y de medios impresos. Y aun así, quiere más, lo quiere todo. Y lo quiere todo para controlar a la ciudadanía por medio de un silencio totalitario en el que nada pasa y donde todos seríamos felices en medio de la oscurana informativa. El 12 de febrero lo sufrimos en vivo y en directo, cuando tuvimos que recurrir a fuentes extranjeras para seguir los acontecimientos en tiempo real, aquellas fuentes extranjeras que por alguna razón el régimen no se atrevió a cerrar, porque bien sabemos que sí lo hizo con otras.

Tú me dirás que el blackout informativo opositor fue decisión propia de los canales y las cableras. ¿Decisión propia? Conatel fue explícita en las sanciones a aplicar a quienes trasmitieran la marcha opositora o cualquier información equilibrada relacionada con la oposición o sus líderes, o que pudiera favorecer su imagen, bajo el argumento falaz de que con eso se incita a la violencia. Más aún, lo ha ratificado el presidente al reconocer públicamente que apagar un canal colombiano de televisión por cable fue una decisión de estado ¿de estado o de él, al estilo de Luis XIV, cuya frase estentórea “el Estado soy yo”, es muestra cabal de absolutismo monárquico?

Todo somos testigos permanentes de la flagrante parcialidad del supuesto canal de todos los venezolanos, que debería dar ejemplo de equilibrio informativo, ese mismo equilibrio que pide en otros, mientras carga con violencia inusitada contra todo opositor. Un gobierno democrático de verdad debe saber aguantar las críticas de los adversarios (que no enemigos) y debe responder con argumentos y no con amenazas a los planteamientos de la oposición. Eso es lo que hace un gobierno democrático de verdad, al desempeñar funciones para todos los ciudadanos, no sólo para un sector. Nadie, menos nosotros como científicos, puede defender sensatamente el totalitarismo informativo ni de cualquier tipo, a menos que la pasión política lo enceguezca. 

De manera que te hago un llamado para que ambos, no solo yo como me pides, ejercitemos el principio de equilibrio y objetividad en el tratamiento de los acontecimientos. En un ambiente tan crispado como el que vivimos es tarea difícil. Pero mientras podamos sostener intercambios como este, en un lenguaje respetuoso y con la mirada puesta en el diálogo que tanto se demanda, y aunque este diálogo entre dos sea sólo una gota en el mar, estaremos en mejor posición para transitar el camino de una sociedad que pueda llegar a consensos, en los que cada quien encuentre un espacio común de reconocimiento del otro, sin que ello signifique declinar en principios pero también sin que los poderosos aplasten a quienes no coinciden con ellos.

El país es de todos. Lástima que para algunos, es solamente de ellos y para ellos, en la creencia falsa de que también lo será para siempre.

Un saludo cordial
1.- Saverio Vivas: Los barrios ante “La Salida”   
      http://www.eluniversal.com/opinion/140213/los-barrios-ante-la-salida
2.- Lissette González: No somos mayoría 
     http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=98954&tipo=AVA
      3.- Thaelman Urgelles: La salida es otro espejismo 
      http://diariodecaracas.com/blog/thaelman-urgelles/lasalida-es-otro-espejismo


 

2 comentarios:

  1. Lamentable que la objetividad científica no prevalezca en el ámbito político.

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  2. Una respuesta a este artículo fue publicada en: http://www.aporrea.org/actualidad/a182108.html

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